Sin embargo, nadie hasta la fecha había
tenido acceso a aquella faceta más rutilante de don
Alfredo, la del eximio y apasionado bibliófilo. Si
ya, a pesar de su proverbial bonhomía y generosidad
para con todos los que a él recurríamos en busca
de consejo e información, era un hombre retraído
y concentrado en sí mismo, con su biblioteca lo fué
aún más: le dedicó la principal ala de
la legendaria "Casa de Los Diez", su morada y museo
personal, durante los más de cincuenta años
que mediaron entre su egreso de la universidad y su fallecimiento.
Para esta ocasión, los descendientes
de don Alfredo García Burr han reabierto la biblioteca,
derribando los muros que guardaban este tesoro de papel, ideas
y testimonios, como símbolo de su entrega a nuestro
medio por la vía de la subasta, como fuera el deseo
de su propietario.
Así hoy la "Casa de Los
Diez", luce como fué concebida cuando aglutinó
lo más granado del intelecto nacional, exhibiendo hoy
en sus principales salones la más querida posesión
de quien la defendiera contra su ruina, expropiaciones y otras
vicisitudes hasta lograr su más caro anhelo, que se
le declarara Monumento Nacional, lo cual la preservará
para admiración de nuestras futuras generaciones.
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