
Su presencia constituyó el centro de gravedad de toda
subasta de arte o acontecimiento cultural relacionado a todo
aquello que constituía su amplio campo de interés:
pintura, numismática, arte colonial sudamericano, bronces
y esculturas clásicas, arte japonés, mobiliario
de selección, porcelanas y cristales e infinidad de otras
inquietudes, de lo cual dió fé el magnífico
remate que en el año 1999, siguiendo sus expresas instrucciones,
hiciera la prestigiosa casa Ramón Eyzaguirre. Sus queridas
colecciones, que constituyeron su magnífico y hermético
mundo, seguirían dando alegría a los centenares
de coleccionistas que adquirieron sus piezas.
Su natural modestia le hizo evitar
el perpetuar su nombre con la fundación de un museo
o institución similar, lo cual se justificaba plenamente
por la gran calidad de todos sus objetos, seleccionados a
través de décadas con su cultura de arquitecto,
ojo de avezado conocedor y corazón de amante de todo
lo bello, pero su dispersión por él programada
igualmente mantendrá imperecedero su recuerdo cuando
invoquemos la ilustre procedencia de los mismos.
Sin embargo, nadie hasta la fecha había
tenido acceso a aquella faceta más rutilante de don
Alfredo, la del eximio y apasionado bibliófilo. Si
ya, a pesar de su proverbial bonhomía y generosidad
para con todos los que a él recurríamos en busca
de consejo e información, era un hombre retraído
y concentrado en sí mismo, con su biblioteca lo fué
aún más: le dedicó la principal ala de
la legendaria "Casa de Los Diez", su morada y museo
personal, durante los más de cincuenta años
que mediaron entre su egreso de la universidad y su fallecimiento.
Para esta ocasión, los descendientes
de don Alfredo García Burr han reabierto la biblioteca,
derribando los muros que guardaban este tesoro de papel, ideas
y testimonios, como símbolo de su entrega a nuestro
medio por la vía de la subasta, como fuera el deseo
de su propietario.
Así hoy la "Casa de Los
Diez", luce como fué concebida cuando aglutinó
lo más granado del intelecto nacional, exhibiendo hoy
en sus principales salones la más querida posesión
de quien la defendiera contra su ruina, expropiaciones y otras
vicisitudes hasta lograr su más caro anhelo, que se
le declarara Monumento Nacional, lo cual la preservará
para admiración de nuestras futuras generaciones.
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